4 de marzo de 2013

Hasta pronto... Filipinas


Después de dos meses en Filipinas y habiéndome recorrido gran parte del país, debo despedirme de este maravilloso lugar. Me voy a conocer otros países de Asia, pero con la certeza de que volveré mas pronto de lo esperado.

Makati
Makati
Quiapo Market
Estacion LRT Fast Train, Quirino, Manila
Durante este tiempo, he podido disfrutar de sus playas de ensueño, sus selvas, sus zonas mas salvajes, sus transportes, su comida...y sobretodo, de su gente.
Una gente con la que he compartido muchas risas y muy buenos momentos. He comido y bebido con ellos, he jugado, he convivido y aprendido de ellos... dejándome unos recuerdos que nunca podre olvidar.
Una gente que tienen una forma de ver la vida similar a lo que yo estaba buscando, y que te hacen sentir como en casa allá donde vayas.


 



Filipinas te enamora en todos sus aspectos. Su comida, marcada claramente por su pasado español, basada en carnes guisadas con verduras, hace que nunca te deje a disgusto.
Su idioma, el tagalo, con mas de 4000 palabras iguales o parecidas al nuestro, el cual cada vez estoy aprendiendo mas.
Sus transportes, esos jeepneys con colores extravagantes y con frases hablando de Jesús, donde te metes con cuarenta personas sin poderte mover, esos triciclos con esos conductores tan picaros intentando sacarse algo mas, y que siempre acabas riendo con ellos y pagando el precio del local.

 





Un país al que animo a todo el mundo a conocer, para comprobar lo lejos, pero a la vez tan cerca que nos encontramosAhora empieza una nueva aventura, la cual estoy convencido de que va a ser muy enriquecedora. Mañana cojo un vuelo hacia Hong Kong y luego saltare a China, donde espero pasar los siguientes dos meses. Voy a experimentar nuevas vivencias, nuevos sabores, nuevas culturas...pero siempre con la mirada puesta en el lugar donde quiero estar...Filipinas.





2 de marzo de 2013

Palawan. Port Barton y El Nido



Cuando creía que había visto las mejores playas de Palawan, llegue a Port Barton, a unas cuatro horas al noroeste de Puerto Princesa, quedándome sorprendido con sus paisajes.

Las primeras tres horas en bus son tranquilas, nada pesadas, incluso si conoces a algún local que te da conversación, es hasta agradable. Lo malo viene cuando se coge el desvío hacia Port Barton.
Una hora de carretera infernal con baches, piedras, que el autobús debe ir esquivando, siempre con el peligro de los barrancos que se encuentran en uno de los extremos de la vía.


Ademas, los conductores filipinos no se caracterizan precisamente por su lentitud al volante, así que en mas de un bache, te ves saltando hasta llegar al techo, siempre con las risas de los niños acostumbrados mucho mas que tu a ese tipo de caminos.

Nada mas llegar a Port Barton, se pueden apreciar varios contrastes. Es un poblado con muy pocas calles y sin asfaltar, una capilla, una escuela y unas casas muy humildes. A lo largo de la playa, infinidad de ofertas en alojamiento, desde turismo resort a hostales backpacker.
La gente del pueblo es lo que me sorprendió mas, y es que aquí no les vi con la felicidad y sonrisas constantes que caracterizan al filipino. Normal, cuando una población de 4000 habitantes se ve invadida por decenas de turistas cada día.


 

La playa tiene una arena finísima y el agua cristalina que la rodea, te hace sentir como en el paraíso. Ademas, las vistas del amanecer desde el hostal, hace que empieces el día de otra manera, sin duda.

Jeepney de Port Barton a El Nido
Después de una noche muy tranquila, cogimos un jeepney temprano para ir hacia El Nido, a cinco horas mas al norte de donde nos encontramos.
Una vez en alli, nos disponemos a buscar alojamiento por la calle principal. Me vuelvo a sentir como en casa, ya que muchos de sus vecinos me iban saludando a medida que iba avanzando.
Incluso uno de ellos, se acordaba perfectamente que le había prometido volver en seis meses, y así ha sido.


El Nido
 

Encontramos una casa de dos plantas en frente de la playa, donde una familia nos la deja por un módico precio, y en la que tenemos cocina, nevera, sillones...en fin, lo que es una casa, pero en un viaje como el nuestro, nunca deja de sorprender poder gozar de un alojamiento de este tipo.

El pueblo de El Nido, rodeado de altas montañas lo hace diferente a muchos lugares del país. Su playa, aunque no es de las mejores debido a una arena sucia, y el agua no demasiado limpia por la gasolina que desprenden las bangkas, te transmite algo especial.

Playa de El Nido
Al día de llegar, nos fuimos hacia unos pocos kilómetros del pueblo, a la playa de Corong-Corong, para mi, la mejor playa en isla habitable en la que he estado.



Desde ahí, se puede ver otra playa a lo lejos que parece mas espectacular. Por supuesto, decidimos ir hacia allá. No nos equivocamos, una mezcla de colores en la arena y el agua, con unas vistas hacia las islas mas cercanas, y con poquísimo turismo, la convierte en una playa difícil de decidir cuando te vas.






26 de febrero de 2013

Palawan. Playas, encuentros y ruta por el sur


Me subí a un avión en Cebú con una emoción muy especial, Palawan me estaba esperando.
Había esperado seis semanas a venir, quizás demasiado, o quizás necesitaba conocer otras islas del país para confirmar que Palawan sigue siendo para mi, lo mejor de Filipinas.

Llegue a su capital, Puerto Princesa, y junto con Albert, nos presentamos en el mismo hostal donde estuve alojado el verano pasado. La primera sorpresa fue cuando nada más entrar, todos los trabajadores, vinieron a recibirnos, se acordaban de mi perfectamente, así que el recibimiento no podría haber sido mejor.



 

No podía esperar a salir por la ciudad y dar un largo paseo por ella, así que deje mis cosas y fuimos a dar una vuelta por sus lugares más importantes.  La Catedral nunca deja de sorprenderte, con su gran altura y sus colores llamativos en medio de un barrio de lo más humilde de Puerto Princesa. Coincidimos con una boda, así que nos quedamos un buen rato viendo como era un casamiento filipino.


Catedral de Puerto Princesa

Más tarde, fuimos al paseo marítimo, al mercado, y algo que tenía muchas ganas de hacer, entrar en una universidad, la única de la ciudad. Preguntamos por la directora y muy amablemente nos enseñó las instalaciones. Se acercaba la fiesta de final de curso (las vacaciones escolares son en marzo, abril y mayo) y los alumnos estaban preparando un baile en el patio, nos sentamos en la sombra de un árbol centenario a ver el espectáculo y después continuamos con el tour.


 

Universidad Holy Trinity Puerto Princesa
Ya de vuelta al hostal, seguimos con las emociones, acababan de llegar Kadin, el americano que me ha acompañado en más de una aventura, y Marc y Violeta, la pareja de Barcelona que conocí hace tres semanas en Dumaguete. Con el equipo al completo, nos dirigimos al centro de Puerto, a los bares donde cada día hay grupos cantando en directo deleitándote con sus magníficas voces (aún no he visto a un filipino/a cantando mal).


Al día siguiente, fuimos hacia Nagtabon Beach, un camino de algo más de una hora desde Puerto Princesa, pero que vale mucho la pena, ya que es una larguísima playa rodeada de palmeras, y con el agua y arena perfecta…y lo mejor de todo, solitaria.
Cuando volvimos al hostal por la tarde, otra sorpresa me estaba esperando, los niños vecinos que había conocido el verano pasado me vieron por la calle, y gritando mi nombre vinieron corriendo a abrazarme, una sensación increíble.



 

Puerto Princesa no será la ciudad más bonita de Filipinas, pero es una ciudad con una gente maravillosa, una ciudad limpia y ordenada, donde sus habitantes tienen a su alcalde como su segundo Dios, ya que está haciendo que Puerto crezca a pasos de gigante.

Después de dos días en la capital, Albert y yo decidimos ir a hacer una ruta en moto por el sur de Palawan. Algo nada turístico, quizás por los avisos de las guías hablando sobre los riesgos importantes de malaria. Puedo decir que he gastado más anti mosquitos en 3 días que en todo mi viaje.




  
El primer destino era Narra, a dos horas de Puerto. Tramos con terreno impracticable y un excesivo calor, además sumado a que tuve algunos problemas estomacales, hizo que tardásemos en llegar más de lo esperado.
El paisaje del sur es, hasta ahora, el más salvaje y autentico que he visto, lugar donde el turismo no ha llegado, y donde espero que tarde mucho en llegar.





En Narra, nada más encontrar alojamiento, nos fuimos a su playa, llamada La Vista. Una playa larga de más de cuatro kilómetros con una arena negra espectacular. Entramos con las motos hasta dentro, conduciendo por la orilla del mar, la atravesamos toda hasta llegar al diminuto puerto del pueblo, donde pudimos ver el atardecer con unas vistas de toda la bahía.
Todo no podía salir tan bien, allí tuvimos el primer pinchazo con una de las motos. Como siempre en estos casos, un local, al vernos con problemas, nos guio hasta el mecánico más cercano, que después de una hora nos lo reparo con un método muy extraño y nada eficaz, ya que al día siguiente volví a pinchar después de diez kilómetros recorridos.




El segundo día de la ruta, después de perder dos horas buscando mecánico y reparando de nuevo el pinchazo, nos pusimos en marcha dirección a Brokes Point, a dos horas y media más al sur de donde nos encontrábamos.
Este camino fue algo duro, tiene muchos más tramos de terreno impracticable y cuando el pavimento esta decente, de repente se puede encontrar unos baches bastante peligrosos, que hacen que la moto se desestabilice.  A medio camino, con un calor inaguantable que nos estaba quemando la piel y deshidratando, decidimos parar en un pueblo con un nombre algo peculiar, Sofronio Española. Un pueblo muy pequeño y sin nada de encanto, pero con una gente muy amable que nos preguntaban en todo momento el porqué de nuestra visita.



Llegamos por fin a Brokes Point, el último pueblo al sur de Palawan al que se puede llegar en carretera, ya que ahí se corta. El pueblo tiene una calle principal con tiendecitas, una plaza y una playa salvaje. Es quizás el lugar en Filipinas donde menos bien me han tratado, seguramente por su nulo turismo y no estar acostumbrados a ver caras desconocidas…  aunque esto como en todos los sitios funciona igual, durante la noche, decidimos ir a tomar algo al único bar abierto, allí, entre cerveza y cerveza acabamos conociendo a un grupo que ya a esas horas parecían más contentos que por la tarde. A partir de ahí todo fueron risas y estuvimos hablando hasta altas horas cerrando el bar.

Al dia siguiente había que volver a Puerto Princesa y teníamos cinco horas por delante con un sol demoledor. Nos lo quisimos tomar con calma y acabamos tardando siete horas, también porque paramos en muchas playas salvajes de la zona.

Ahora puedo decir que conozco Palawan de norte a sur.  Playas de postal, zonas rurales, lugares auténticos, gente increíble…esta isla tiene algo que engancha nada más llegar y a medida que la vas conociendo no te quieres ir de aquí por nada del mundo.

18 de febrero de 2013

La Bohol mas autentica


Teniendo claro que el destino de los proximos dias iba a ser Palawan, solo quedaba comprar el billete de avion de Cebu a Puerto Princesa, y esperar en otra isla con buenas playas hasta el dia del vuelo.

Como el problema principal en Filipinas es el tiempo que necesitas para desplazarte de una isla a otra, decidimos ir a la mas cercana a Cebu, Bohol Island, para mi una de las mejores del pais y que nunca me importa repetir.

En mi tercera visita a la isla, queria recorrer una parte que nunca hubiera estado. Las otras dos veces me he quedado con las ganas de conocer la cara este y olvidarme un poco del circuito turistico que ofrece el sur y el centro de Bohol.
Asi que nos pusimos en ruta con la idea de llegar hasta un pueblo llamado Anda, el pueblo mas al este de la isla. Pasando por lugares como Valencia, Garcia Hernandez...pueblos costeros con grandes mercados de pescado y fruta.
Sitios donde no estan nada acostumbrados a ver caras occidentales, los niños entre asustados y sorprendidos te saludan o se te quedan observando minutos enteros para ver como hablas, que haces...


La carretera ofrece unas vistas increibles al mar, teniendo que parar obligatoriamente de vez en cuando para ver mejor el paisaje. Playas salvajes, pescadores, palmeras... unos paisajes que a medida que vas avanzando te hacen pensar aun mas en tu acierto por conocer esa zona.

Cogimos un desvio hacia Anda, a partir de ahi el paisaje cambia totalmente y se vuelve mucho mas rural.
Unas casas muy humildes casi tocando con la carretera secundaria que nos iba a llevar hasta nuestro destino.
La conduccion se hace muy agradable por ese tipo de sitios y en algunos tramos piensas en que no quieres que se acabe nunca.



Llegamos a Anda, un pueblecito muy pequeño pero con muchisimas playas que visitar. Unos caminos de tierra con unos letreros diminutos, señalan el lugar.
Empezamos bien, ya que el primer camino nos hizo llegar hasta una calita preciosa, rodeada por unas rocas, con barquitas de pescadores y algunas familias pasando un dia de domingo agradable, riendo, comiendo y bebiendo con los suyos.
Despues del primer bañito del dia, una persona se nos acerco, nos queria invitar a comer con toda su familia, estaban en una especie de cabañas protegiendose del sol. Los abuelos, padres, tios, primos...estaban celebrando el cumpleaños de la mas pequeña de todos.
Un manjar exquisito con atun, cerdo, verduras, acompañado, como no, del ya habitual Brandy Emperador, bebida que el abuelo, no paraba de servirnos al ver nuestros vasos vacios.
Todos querian saber nuestras historias, que era de nuestras vidas, que opinaban nuestras familias... una conversacion muy entretenida que hizo que nos quedasemos en ese lugar mas de la cuenta.


Pero queriamos conocer mas playas, asi que cogimos las motos y continuamos la ruta.
La siguiente playa, era una autentica playa salvaje de unos cinco kilometros con arena blanca y suave y aguas critalinas.
Sitios asi son los que valen la pena en Filipinas hoy en dia, pero me da miedo pensar como pueden estar dentro de cuatro años.


Debiamos volver hacia el hostal ya que no queriamos volver de noche, no sin antes conocer la ultima playa de nuestra visita a la zona.
Quizas la mas turistica de las tres que estuvimos, pero volviendo a sentir el aprecio y las ganas de conocerte que tienen esta gente.
Solo llevabamos diez minutos alli cuando un chico vino a nosotros para invitarnos a sentar con sus amigos.
Estaban comiendo un cerdo enorme, algo muy comun en Filipinas, y del que puedo decir que fue de los mejores que he comido aqui.



De este dia, me quedo con las impresionantes playas que he visto, y por supuesto, del recibimiento que tuvimos en todos los sitios donde fuimos.
Vale la pena dejarse llevar y salir de los circuitos turisticos que ofrecen las guias, es asi como se descubre Filipinas.